Lo más caro no es estudiar. Es seguir esperando.

 Lo más caro no es estudiar. Es seguir esperando.

Hay una cuenta que casi nadie saca.

No aparece en el estado de cuenta de la tarjeta de crédito. No tiene fecha de vencimiento ni recordatorio en el celular. Pero se acumula, año tras año, cada vez que decimos "ahorita no puedo" y dejamos pasar el momento de terminar los estudios.

Decir "ahorita no" parece razonable. El problema aparece cuando ese ahorita se convierte en cinco años. Y después en diez.

El costo no siempre está en la colegiatura.

En México los números son claros. Según la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), las personas de 25 a 64 años con educación terciaria ganan en promedio 56% más que quienes se quedaron en la educación media superior.

El INEGI muestra algo parecido. En 2024, el ingreso trimestral promedio de las personas con estudios profesionales, completos o incompletos, fue de 40,087 pesos. Entre quienes se quedaron en preparatoria, completa o incompleta, el promedio bajó a 24,015 pesos.

Esto no dice que un título garantice un mejor sueldo. Tampoco dice que quien no estudió está condenado a ganar poco. Dice algo más simple: la preparación académica abre posibilidades que de otra forma permanecen cerradas.

Ahí empieza el costo real de esperar.

Es la promoción que se fue a otra persona porque pedían licenciatura. La vacante que ni siquiera intentaste porque te faltaba el documento. El puesto que viste ocupar a alguien con menos años de experiencia, pero con el papel que tú todavía no tienes.

También está lo que no aparece en ningún recibo: la sensación de tener experiencia, capacidad y años de trabajo encima, y aun así encontrar una puerta que no logras abrir. Cansa.

La experiencia te da conocimiento. Los estudios te dan la manera de convertir ese conocimiento en oportunidades nuevas.

¿Cuánto vale esperar?

Aquí llega la parte incómoda. Si hoy tienes 40 años y decides esperar cinco más, esos cinco años no regresan. Vas a cumplir 45 de todas formas.

La diferencia está en qué vas a decir al llegar ahí: "qué bueno que empecé" o "debí haber empezado hace cinco años".

Hay algo irónico en todo esto: esperar también toma tiempo. La diferencia es que esperar no te entrega un certificado, ni una habilidad nueva, ni una promoción, ni una oportunidad extra. Únicamente entrega más calendario.

Estudiar después de los 30, los 40 o los 50 no significa empezar desde cero. Significa empezar desde la experiencia que ya construiste durante todos esos años.

Por eso la pregunta que vale la pena hacerse no es cuánto cuesta estudiar. Es cuánto termina costando seguir esperando.

El tiempo va a pasar de cualquier forma. La pregunta es ¿qué vas a hacer con él mientras pasa?


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